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Sin fuerza en Somosierra

Hay un momento en que muchos conductores burgaleses notan que algo va mal en el turbo: subiendo un puerto con el coche cargado. La A-1 hacia Madrid, la subida del Escudo, o simplemente un adelantamiento largo en la N-120. El coche no empuja, el cuadro enciende un testigo y el motor queda en modo de emergencia.

En ese punto es fácil pensar que el turbo ha muerto. Muchas veces no es así.

Lo que hay alrededor

El turbo forma parte de un circuito. Para que la presión llegue al motor, el aire pasa por manguitos, abrazaderas y el intercooler. Un manguito que se raja con el frío, una abrazadera floja o una válvula de control que no actúa producen exactamente los mismos síntomas que un turbo averiado.

Por eso nuestro orden es:

  1. Leer la presión pedida y la real.
  2. Presurizar el circuito para buscar fugas.
  3. Solo después, desmontar el turbo.

Cuando sí es el turbo

Si el eje tiene holgura, hay aceite en la admisión o las paletas están tocadas, el turbo tiene que salir. Lo importante entonces es entender por qué falló. Un turbo nuevo con el mismo problema de lubricación dura poco.

Cuidados que alargan su vida

  • Aceite con la especificación correcta, cambiado a tiempo.
  • No exigir al motor en los primeros minutos tras un arranque en frío.
  • Dejar unos segundos al ralentí antes de apagar tras un tramo de autovía exigente.

La reparación tiene la garantía legal vigente en España.