Guía completa

La goma también pasa frío

Un neumático de verano se endurece cuando el termómetro baja de unos pocos grados, y en Burgos eso ocurre muchas mañanas de octubre a abril. La rueda sigue girando igual, pero el compuesto deja de adaptarse al asfalto y la frenada se alarga. Por eso, cuando alguien nos pide «unas ruedas», la primera pregunta no es la medida, sino qué hace con el coche.

Tres situaciones que vemos a menudo

El coche que duerme en la calle y hace trayectos cortos. Aquí el neumático casi nunca llega a calentarse. Un all-season con buen comportamiento en mojado suele encajar.

El que hace mucha autovía. Muchos kilómetros por la A-1 o la AP-1 piden un neumático estable a velocidad sostenida. Si además cruza Pancorbo o Somosierra en invierno, valoramos con él el de invierno.

El que sale a la provincia con nieve. Puertos y carreteras secundarias con hielo a primera hora: aquí el neumático de invierno, o al menos uno con homologación para nieve, deja de ser un capricho.

Lo que dice el desgaste

Antes de quitar las ruedas viejas las miramos con calma, porque cuentan lo que le pasa al coche. Si están más gastadas por dentro, algo en la geometría está fuera de cota. Si se gastan por el centro, es probable que hayan rodado con demasiada presión.

Montar goma nueva sin corregir eso es tirarla: en unos meses vuelve a estar igual.

Presión y frío

Con el frío la presión baja sola. Un coche ajustado en septiembre puede ir corto de aire en diciembre sin que nadie haya pinchado. Compruébala en frío, con la tabla del fabricante del marco de la puerta. Si tu coche lleva sensores de presión, al cambiar ruedas los revisamos para que el aviso del cuadro funcione como debe.

El trabajo lleva la garantía legal vigente en España.