Un coche no se rompe en silencio. Casi nunca. Antes de que una pieza falle del todo, suele avisar con un repertorio de chirridos, golpes y siseos. Es el lenguaje del vehículo, y aprender a interpretar los sonidos más básicos te puede ahorrar una avería mucho más cara y, sobre todo, un susto en la carretera.

En el taller, la primera pregunta que hacemos es siempre la misma: “¿A qué suena y cuándo lo hace?”. La respuesta a eso nos da el 80% de la pista. Aquí te contamos lo que nos encontramos cada día.

Chirridos agudos: casi siempre, los frenos

El sonido más fácil de identificar. Si al pisar el pedal de freno oyes un chillido metálico, agudo y constante, lo más probable es que las pastillas de freno estén en las últimas.

La mayoría de pastillas llevan un avisador acústico, que no es más que una pequeña pletina metálica que roza contra el disco cuando el material de fricción se ha gastado. Es un sonido diseñado para ser molesto y que vengas al taller. No es una avería inminente, pero no lo dejes pasar. Circular con las pastillas en los hierros te obliga a cambiar también los discos, y la factura se duplica.

Ojo, un leve chirrido al frenar a baja velocidad, sobre todo los días de humedad o después de lavar el coche, puede ser normal. Si desaparece tras un par de frenadas, no hay de qué preocuparse.

El “clonk” seco en baches o al girar

Este es un ruido sordo, un golpe metálico que notas venir de la zona de las ruedas. Aquí hay dos culpables principales, dependiendo de cuándo suene.

Si suena al pasar un badén o un bache

Casi seguro que es algo relacionado con la suspensión o la dirección. Lo primero que miramos son los silentblocks (tacos de goma que absorben vibraciones), las bieletas de la barra estabilizadora o las copelas del amortiguador. Son piezas de desgaste que con el tiempo cogen holgura y provocan ese golpeteo. No es una avería que te vaya a dejar tirado, pero afecta a la seguridad y al desgaste de los neumáticos.

Si suena al girar el volante a tope

Si el “clonk, clonk, clonk” es rítmico y solo aparece al girar la dirección casi a tope, sobre todo al maniobrar para aparcar, apunta directamente a la junta homocinética (también llamada “punta de palier”). Es la articulación que transmite el giro del motor a la rueda. El guardapolvos de goma que la protege se agrieta, pierde la grasa y la junta se estropea. Si la coges a tiempo, a veces basta con cambiar el guardapolvos y reengrasar. Si ya hace ruido, toca cambiar la pieza entera.

Silbidos y siseos: ojo con el motor y el escape

Los soplidos son más delicados porque suelen venir del motor. Un siseo como de aire escapando al acelerar puede ser un manguito del turbo o del intercooler que se ha rajado. Notarás una pérdida de potencia evidente. Es una avería común en motores diésel modernos.

Un silbido agudo y constante, que sube de tono con las revoluciones, puede ser un aviso de que el propio turbo está en mal estado. Este es un ruido que hay que atender de inmediato. Un turbo que se rompe puede causar daños muy serios en el motor.

También puede haber fugas en el colector de escape, que suenan como un soplido sobre todo con el motor frío y que a menudo desaparecen al calentarse por la dilatación del metal.

Ruidos que con el frío de Burgos se notan más

El clima de aquí tiene lo suyo. El frío intenso afecta a los materiales. Los plásticos del salpicadero crujen más, los tacos de goma de la suspensión (silentblocks) se endurecen y suenan hasta que el coche rueda un rato. Es normal.

Un golpeteo metálico y rápido que solo suena durante el primer minuto al arrancar en una mañana helada suelen ser los taqués hidráulicos, hasta que la bomba de aceite consigue que la presión llegue a la parte alta del motor. Si el ruido persiste en caliente, entonces sí que hay un problema.

¿Y si el ruido aparece y desaparece?

Son los peores diagnósticos. Un ruido que no es constante vuelve loco al conductor y también al mecánico. Aquí la información que nos des es crucial. ¿Lo hace en frío o en caliente? ¿Solo en segunda marcha? ¿Al subir una cuesta? Cada detalle cuenta.

A veces, la causa es algo tan simple como una chapa protectora del escape que vibra a unas revoluciones muy concretas. Otras, es el rodamiento de una rueda que solo zumba al tomar una curva hacia un lado determinado. Paciencia.

Un consejo final: grábalo con el móvil

Si tu coche hace un ruido raro, intenta grabarlo en vídeo o con una nota de voz. Cuando llegues al taller, es posible que por la ley de Murphy el sonido no aparezca. Traer esa grabación nos ayuda muchísimo a entender qué está pasando y por dónde empezar a mirar. Es lo más útil que puedes hacer.